Una puerta y una ventana

Una puerta y una ventana
Casi siempre suelen haber, al menos, dos salidas... y dos entradas

Fines

El proyecto de FUNDACIÓN Buñol Se Vive quiere conseguir, ayudas de personas, empresas, instituciones, profesionales, científicos, pensadores que deseen convertir sueños en realidades, que quieran que Buñol se convierta en un ejemplo de pueblo del siglo XXI, un lugar donde lo humano predomine sobre los demás intereses y sobre todo, ayudar a provocar un cambio que consiga llenar de vida las calles de Buñol, nuestro pueblo. El propósito es generar un cambio de actitud en las instituciones, asociaciones e individuos... cuyo único fin sea el crecimiento y el bienestar las personas.

Momentos


Un sonido diario suena lejano, se va a acercando hasta conseguir abrirme los ojos. Al mirar reconozco la habitación donde duermo a diario. Estoy en mi cama, me doy cuenta que acabo de despertar. Físicamente me encuentro como cuando uno vuelve cansado de viaje: Los músculos dormidos, la garganta muda, la boca densa, los ojos hinchados y la cabeza en trance, entre dos mundos distintos. Dormiría unas horas más me digo e inmediatamente asumo que tengo que levantarme, como cada día, como todas las personas que nos sentimos de "bien" asumiendo responsabilidades. Valores que hoy parecen caducos entre tantas mentiras, entre tantos ladrones de sueños, entre borrachos de poder sin amor.
Consigo ponerme en pié pese al peso del sueño o quizá de los sueños no cumplidos, no son pocos o quizá sí, creo que, como la edad en algunas personas, no lo confesaré. Llego al baño y me enfrento al espejo, no es fácil mirarse nada más despertar y en todos los sentidos. Me digo constantemente que el mejor tiempo siempre es el presente, probablemente nunca estaremos mejor que hoy, el mañana trae consigo la decrepitud y sin duda la muerte.
Abro la ventana y entra el aire limpio de la mañana acompañado de algún que otro sonido mezclado entre mecánico y pájaro, los dos a la vez confunden. La confusión y la incertidumbre te suelen acompañar como tu sombra toda la vida. Abro el grifo y me refresco la cara, creo que hoy no me voy a afeitar, no tengo ganas. Me molesta no tener ganas. Al final me arrepiento y lo hago. La espuma cubre parte de mi rostro como una barba postiza, blanca y olorosa, la maquinilla pasa despacio sobre la piel, desaparece el bello en las cuchillas mezclado con el blanco. Limpio y pasada de nuevo, así hasta que termino. La verdad es que uno mejora, nunca he entendido muy buen por qué...
Estoy cansado y todavía no he hecho nada, esto debe tener algún nombre entre galván y su verdadero origen. ¿Acaso sabemos por qué sentimos lo que sentimos o cómo se produce un estado de ánimo, o mejor, cuándo se produce, cómo cambiarlo con eficiencia? Quizá no. Así lo estima mi experiencia y el ojo clínico.
Mientras pasa el agua de fría a caliente busco la ropa que me voy a poner, repaso la lista de eventos posibles hoy y de los niveles de aceptación de una imagen u otra y elijo. Me conviene este pantalón y esta camisa y esta... Y hoy sin lugar a dudas mis calzoncillos verdes de la suerte. Creo que me hacen crecer los huevos y eso muchas veces viene bien. Siempre me ha parecido extraño convenir que nuestros genitales sean la mayor expresión de bravura, cuando es más que probable que estemos hablando de la parte más sensible y débil del cuerpo masculino. Un pequeño golpe y... desaparece Clint.
Consigo ponerme debajo del agua y comienzo a despertar de verdad, lo sé porque una ráfaga larga de pensamientos se amontonan pidiendo turno, algunos incluso árnica. Viva la neuronas vivas, muy vivas. Me seco despacio como comprobando que estoy entero y nada me falta. Respiro hondo mientras me peino y abro el desodorante. Listo.
Me visto empezando por la ropa interior, luego los pantalones, la camisa... y por último los zapatos, cuando entran en mis pies es cuando me siento realmente vestido, los limpio, último toque. Tengo un amigo que define el carácter de las personas a nivel profesional por sus zapatos, desde que me lo explicó me fijo... No concluyo pero no puedo dejar de mirar...
Miro la hora y con tanto romance se me ha hecho tarde, voy deprisa a la cocina, cojo un plátano como todos los días y me lo como rápido...recojo mis trastos y salgo pitando hasta el coche. Lo busco en las zonas habituales y no lo encuentro. Sigo andando y mirando, hace calor ya y es temprano, a lo lejos veo la antena que me lo define, ahí está. Arranco y salgo deprisa, nadie me pisa los talones salvo mi conciencia, me molesta mucho la impuntualidad. La mía todavía más.
Me incorporo a la autovía como todos los días, hoy no sé que me pasa voy común loco, la velocidad me envuelve, tenso y agresivo incluso, no me reconozco, pongo la radio y están explicando lo de siempre y con los mismos argumentos y con el mimos estilo y aconseja la misma ignorancia o quizá son conscientes y solo están prudentemente adaptados. El estómago me da vueltas, de inmediato vomito en el asiento del acompañante.... Paro en el arcén, estoy mareado e impresionado, muy impresionado, nunca me había pasado algo así. Saco un trapo y papel y limpio todo como puedo, arranco, doy media vuelta, he pensado volverme a casa... Siguen insultando a nuestra inteligencia por la radio, la arranco del salpicadero y la tiro por la ventana. Estoy furioso.
Un coche me adelanta con un movimiento brusco y me toca el claxon y me cago en toda su familia, especialmente en su querida mamá, estoy alucinando conmigo mismo. No pasa ni un kilómetro y en el paso cebra me gritan varias personas desde la puerta de un bar de almuerzos... Y me despierto.

Humo



Está inquieto, sentado delante del ordenador, mirando y mirando fotografías de fuego, humo y cadáveres de animales calcinados. Sus ojos vidriosos y el ánimo caído leen las palabras y comentarios de personas y personas que se sienten pequeñas ante tantas llamas, ante la muerte de la naturaleza, ante la muerte de la vida. Todo el verde convertido en gris, cada trino convertido en ruido, aullidos que no se escuchan porque las llamas gritando lo ocupan todo, hasta la sangre que bombea su corazón mientras las cenizas cubren su cabello... sigue mirando escenas dantescas... palabras iguales, repetidas y repetidas hasta la saciedad, hasta la suciedad. La hipocresía de hombres  encadenados a sus adicciones, adultos inconscientes que dan la cara auto- halagándose, buscando culpables, siempre los más débiles. Los jefes, los poderosos,  los responsables casi nunca los son, no tienen que trabajar al aire libre con cuarenta grados, no tienen que sentir en sus espaldas el miedo a perder,  a no tener. No saben lo que significa sudar cada día, durante años, durante décadas para que la causalidad o la casualidad lo conviertan a uno en culpable, culpables antes de juicio, imputados por "daños contra el medio ambiente por negligencia". Lo primero que le viene a la cabeza es cuánto negligente en el poder en esta crisis y antes de ella y no ha pasado nada, nadie es responsable, nadie. Se queda absorto pensando en tanto sufrimiento, se pone en su lugar y se siente abatido: ¿Cómo se sentirán esos dos hombres, pensando,  culpándose, sintiendo las consecuencias...? Querría conocer de verdad las circunstancias que rodearon los hechos, el por qué, las verdaderas razones, los motivos objetivos. En verdad piensa que siempre están ocultas mientras sigue mirando la pantalla embobado. Los auténticos motivos suelen estar disfrazados, escondidos por avergonzados, encapsulados en mentes herméticas, prisioneras ante las condiciones del éxito y del bienestar, en una sociedad de clases impúdicas y falsas morales. Está agotado, tanta miseria lo inunda, lo cubre, lo ahoga, nunca supo poner freno a ese sentir hondo y melancólico del mal, del dolor y del sufrimiento. Si la culpa existiese seríamos todos culpables, todos sin dejar ni uno, a los que nos llamamos a nosotros mismos adultos, se dice hacia sus adentros.
Piensa en la avaricia y en la irresponsabilidad de los hombres con la naturaleza, en su constante ceguera, en las grandes verborreas que ocultan las razones sinceras, los intereses ocultos, las mentiras y las falsedades que mueven el mundo, sus hilos, transparentes a los ojos y tan poderosos que nos mueven a todos.
Está frente a mi, lo veo a través de la ventana, se escuchan sus gestos, se ensucian sus manos, se secan sus ojos. Sigue lloviendo ceniza, triste ceniza de un fuego arrasador, severo y radical sin contemplaciones ni compasiones. Parece humano, no sé si lo es, quién sabe. Uno se siente muy pequeño ante el rojo que anega el horizonte  y la mirada completa hasta cubrir el cielo de una niebla oscura que esconde nuestras vergüenzas. Se siente uno muy solo, a merced de algo enorme, parece tan malvado.
Miles de personas huyen de sus casas o les hacen huir. Qué extraño cuando las personas se alejan de sus hogares.... El peligroso humo amenaza pueblos completos y hasta en la ciudad el cielo se hace rojo y el gris cubre las calles.
Sigo observándolo a través del cristal, de pronto un pájaro veloz choca contra el marco de la ventana rompiéndose el cuello, el ruido me asusta y me siento tan triste al mirar sobre la cera ese cuerpecito musical y volador ahora inerte y en silencio.
Abro la ventana y oigo como habla por teléfono y grita al del otro lado: ¡Por qué casi siempre son otros los que nos sacan las castañas del fuego? No escucho la respuesta, de hecho no creo que nadie sepa contestar a esa pregunta o quizá es que tenemos que ver cómo arde nuestra casa para entender... Los vecinos no sirven como ejemplo, parece que solo nuestras carnes sienten la experiencia, parece que el darse cuenta es más difícil de lo que aparenta.
Siempre hay personas que aprovechan el momento  de las desgracias para sacar réditos. Vuelvo a mirar y su interior arde, condenado a una sensibilidad fuerte de tanta debilidad, sigo mirándolo por la ventana, solo alcanzo a ver su sombra, la luz se está apagando temprano en esta tarde de verano, quién sabe qué pensará ahora, mientras corre las cortinas y su figura se esconde. No alcanzo a entender, aún comprendiendo.
Quizá también otras cortinas tratan de cerrar nuestros ojos, cortinas de humo, un humo negro y denso que contiene toda nuestra vanidad y avaricia, seguramente pecados más grandes que la negligencia.

Lo(s) Invisible(s)






Sufrimos mucho, en exceso, unos más que otros, aún así es demasiado. Les hablo de un sufrimiento individual, de ojos hacia dentro. Esos secretos, a veces a voces, que se silencian entre sonidos preparados, estructurados para permanecer tendentes a la "normalidad", al menos aparentarla, por acción o por omisión, ocultos entre miles de caras y de disfraces. Los invisibles son los que más sufren, aquellos que se aceptan por los demás y por si mismos como sufridores crónicos, a lo peor, como basura humana en estado destructivo permanente, mirados con una visión, al menos particular, de la reina de la moral: La compasión. Me refiero a esos casos perdidos, todos esos que ya, ni para sí mismos ni para los demás, tienen arreglo. Se morirán así... he escuchado en alguna ocasión(y quizá con razón), no sin una honda tristeza.
Me temo que viajamos entre demasiadas líneas paralelas, lo que nos conviene ver, lo que no nos conviene ver, lo que vemos e inmediatamente ocultamos, lo que no vemos de verdad, lo que no podemos ver, lo que no sabemos ver, lo que no queremos ver, lo que vemos pero pensamos que no nos concierne, lo que vemos y aceptamos como bueno cuando no lo es en absoluto y en el fondo lo sabemos... y así hasta mañana.
Les hablo de los que no paran de beber, reventando sus hígados y desinhibir quién sabe qué, les hablo de los adictos: Al trabajo, a cualquier droga... Les hablo de quiénes permiten y ocultan el malestar o el odio crónico en sus familias, de personas “bien” que esconden una infelicidad angustiosa, les hablo de los marginados y del los que se auto-marginan, les hablo de los que no pueden dormir, les hablo de los que viven con miedos constantes, de aquellos que nunca nada les satisface, de las víctimas y de los verdugos sin salir de su propio cuerpo o saliendo que es peor, les hablo de los que siempre desean lo que no tienen o de los que lo tienen todo menos sus deseos. Les hablo de los que sufren en silencio y no tienen hemorroides. Les hablo de los que culpan a los demás de sus problemas siempre, de los que conviven con el dolor crónico y de fondo, les hablo de personas, de muchas, muchas personas “enfermas”(dificultades) y que no lo saben, o lo saben y no lo quieren aceptar o lo aceptan con argumentos falaces... Les hablo de las enfermedades mentales. Quizá las más numerosas a la par que invisibles salvo en casos muy extremos, porque las escondemos, las ninguneamos, las aceptamos con un "es así, soy así" sin saber que se pueden sanar y que se puede cambiar. De hecho se deben tratar y se deben sanar, pero por alguna de esas extrañas convenciones sociales parece que si te rompes una pierna por once sitios tenemos la obligación del ir al hospital, operarnos siete veces, hacer rehabilitación dos años, pero si es un asunto mental nos conformamos, como mucho, con unos cuantos psicofármacos que por supuesto aliviarán nuestros síntomas pero sin un trabajo hondo seguiremos sin resolver el epicentro de la enfermedad... Como bien saben los médicos los síntomas son una cosa y de dónde provienen una muy distinta. Un desmayo es un síntoma, sus causas pueden ser múltiples, lo mismo ocurre en nuestra mente. Si no nos encargamos de averiguar de donde provienen no se producirá la solución, solo aliviaremos los síntomas, con suerte, nos adaptaremos a convivir con ellos con las más complejas e imaginativas herramientas mentales, pero el mal estará de fondo y tarde o temprano volverá.
Se ha avanzado mucho, muchísimo en la ciencia en general y en la medicina en particular, pero seguimos sin saber valorar la importancia del factor psicológico en la salud. Se describe en estadística a las somatizaciones(síntomas físicos procedentes de la mente) como las responsables del sesenta por ciento(o algo así, no lo recuerdo con exactitud) de las mal llamadas enfermedades, en realidad solo son síntomas de algo mayor que está ocurriendo en uno o varios de los ámbitos representados en la mente, especialmente en el mundo emocional, éste último habría que considerarlo factor determinante en el sano desarrollo de la vida. Es pues, de suma importancia, revisar nuestras relaciones humanas y como punto esencial el amor propio, pilar básico para sostener ese edificio que somos. Tampoco había que perder de vista la amistad, el amor, la familia, el conocimiento, el darse cuenta, la relatividad del tener frente a la potencia del ser. En definitiva, saber lo que somos y queremos de verdad y construirlo con nuestras propias manos, sabiendo que necesitamos a los demás casi tanto como a nosotros mismos.
Sueño con que algún día todo esto se tenga en cuenta en la educación, los padres aprendamos a dar lo importante, los profesores sean un claro ejemplo  de actitud vital y de transmisión de valores esenciales, las personas individualmente y la sociedad en general dejemos de mirar para otro lado ante el exceso de sufrimiento ajeno y propio, comprometiéndonos con los que necesitan cambiar para dejar de lado el dolor innecesario, que los crónicos y lo no tan crónicos no existan, al menos no sigan siendo invisibles. Todo ello pasa por saber qué es un ser humano y qué necesita para construirse... lo perdimos de vista hace mucho si es que alguna vez lo supimos.

Benagéber: El pueblo amigo



El fin de semana pasado se celebró la V Feria de los Pueblos Amigos en Benagéber, cinco años han pasado desde que se materializara por primera vez una idea tan hermosa y original. Curiosamente y normalmente los pueblos vecinos en nuestro país en vez de llevarse bien compiten, los que creen que saben, dicen que es propio de la naturaleza humana... nada dicen de la cultura, de la educación y de la amistad. Probablemente porque no es precisamente la historia, ni aún el presente, los que sirvan de ejemplo para contradecir sus creencias convertidas en un modo de vida. Un manera que hemos visto y comprobado como nos ha llevado muy lejos de lo que sería construir un código de valores en los que predomine el ser humano por encima de cualquier otro interés. El resultado es pisotear los valores y a las personas en beneficio de unos pocos...
Celebraciones como las de este fin de semana pasado, entre otras pocas, son las que nos reconcilian con la vida y probablemente no nos hagan perder del todo la esperanza en que se puede vivir de otra manera, con otros fines, con hermosas y fructíferas relaciones.
Quizá les puedan parecer mis palabras una exageración, tampoco es para tanto que unos cuantos pueblos asistan encantados a otro para disfrutar juntos de un fin de semana festivo en el que cada uno pone un trocito de si mismo.
Quizá debamos desentrañar unos cuantos movimientos para poder comprender la importancia de todo lo que ocurre cuando algunas personas (siempre son individuos que suman aunque representen a instituciones) construyen los momentos para que todos los disfruten. Sin duda, lo primero que se me ocurre es enseñar y transmitir con el ejemplo.
Es la mejor manera de compartir y de comunicar sanos valores. Cuando los niños ven a sus padres, a los amigos de sus padres, a sus tíos y tías, a sus abuelos, participando para que otros disfruten mientras ellos también disfrutan se consigue un circulo tan redondo que propone sin imposturas una manera de vivir, una manera de entender la relación con los demás. Se realza la ilusión, el entusiasmo, la cooperación, la solidaridad, la igualdad... Valores universales que no quedan huecos porque no son palabras que se lleva el viento sino realidades que infieren y benefician las vidas de todos aquellos que disfrutamos de algo tan sencillo y tan complicado, una simple fiesta, dos días festivos se convierten en un rito anual, en un encuentro entre personas que sienten y se sienten entre ellas. El placer al servicio del bienestar y no de la mercancía, nada de esto se puede comprar, nada puede conseguirse sin el apoyo alegre de cada uno de los que esperan que llegue la fecha del encuentro, el día en el que el destino es un pueblo de la Serranía valenciana, un lugar tan hermoso que en momentos de máxima sensibilidad puede llegar a doler, como aquel ideal que algún día creímos poder vivir y que recordamos como un tesoro inacabado por imposible, como todo lo perfecto.
Quizá también habría que comprender como algunas personas son capaces de defender sus intereses sin perder de vista los de los demás, harto difícil en una sociedad eminentemente materialista y llena de superficialidades consideradas necesarias. Hace mucho que perdimos el sentido, exactamente cuando con tanta técnica y con tanta realidad virtual comenzamos a pensar que lo mas cómodo es vivir dentro de nuestras  casas, fue el momento en el que sin darnos cuenta probablemente perdimos de vista la importancia que tienen cada uno de los demás en nuestras vidas. En todas las épocas se ha considerado la dimensión social del ser humano como una de sus esencias y en ninguna otra como hoy sea mas necesario gritarlo, rememorarlo para no olvidar las emociones propias y ajenas, seguramente el único y verdadero motor del mundo.
Hace más de treinta y cinco años que fui por primera vez a Benagéber, era un niño. Ese niño aún está en mi y creo que en todos nosotros. Y conmigo, o yo con ellos, un nutrido grupo de amigos y amigas que disfrutamos las primeras salidas de casa, las primeras aventuras, los primeros juegos... Era todo tan nuevo, tan hermoso, la vida sonaba a rosa por los cuatro costados... Desde entonces Benagéber ha ido creciendo poco a poco, despacio con la lección bien aprendida y desde entonces al unísono la familia Miñana Gimeno- tanto monta monta tanto- que nos acogió en su casa hace tanto tiempo también ha crecido y sus hijos e hijas, sus nietos y nietas... y especialmente Ana María sigue acogiéndonos con la naturalidad que solo dan los valores, aprendidos y construidos  día a día, mes a mes y año a año, en cada experiencia vivida.
Gracias a las personas los pueblos son amigos, gracias a algunas personas se construyen los momentos, instantes que interactúan e interactúan  en silencio ocupando un lugar imborrable en cada una de nuestras vidas.
Solo me queda dar las gracias en la parte que me toca, que no es poca...

Imágenes del pasado


Escribo pero en realidad estoy viendo, quizá imaginando. La imágenes se posan en mi garganta y suben hasta la “loca de la casa”. Estoy tecleando en escritura automática, no pienso lo que digo y no digo lo que pienso, solamente escribo sin cesar. Es un ejercicio muy saludable, se lo recomiendo. Libera la mente de barreras y cada símbolo parece sacado de adentro de verdad, sin filtros demasiado aparentes. Todo se mueve.
Buñol tiene una pinacoteca espléndida, no me sé la lista, pero Antonio López o Genovés están entre ellos, se lo comenté el otro día a mi amigo el concejal y le pareció buena idea, igual hasta lo conseguimos, sería una excelente realidad hacer una exposición permanente de las obras en vez de dejar que la pintura se oscurezca en los despachos y pasillos del Ayuntamiento donde muy pocos pueden disfrutarlas y si le añadimos la Exposición Buñol se Mira que se está preparando podrían ser las dos imágenes las que se podían exponer, 300 fotografía y no sé cuantos cuadros. Parece que el problema siempre es el dinero, habría que buscar un lugar amplio y céntrico y personal para su custodia. Abierto los fines de semana. Le he dicho que hay mucho jubilado y prejubilado en Buñol y podríamos proponer un voluntariado entre todos saldríamos a dos días al año o menos. Todo se puede si se quiere, he pensado siempre. Aunque no sé si es verdad. A veces lo creo y otras no. Me tengo que acordar de pasar por el Banco mañana a ver si ha habido un milagro y hay dinero. El cuadro de la fotografía es uno de los del Ayuntamiento, o sea, de todos. Me pregunto qué paso con el Concurso de Pintura que se hacía en Buñol y trajo casi todos esos lienzos a nuestro pueblo, hoy hay pintores consagrados que participaron en ellos. También qué pasó con los de literatura, prestigiar un Concurso cuesta años, por qué se dejen de hacer y por tanto pierden su valor, sigo preguntándome. Mañana tengo que pasar por el taller se me ha roto el coche, lo que me faltaba para el chavo. Madre mía, me acaban de venir a la cabeza los chavos, cómo es la memoria te sorprende constantemente para bien y para mal claro, como todo.
Tampoco me acuerdo de en qué año se perdió el buen ambiente que había en Buñol en las calles y en los locales de alterne, ni siquiera recuerdo cómo ocurrió. La Tasca me trae muy buenos recuerdos y el Pedal y el Nido del Cuco y la Cima y la Átomo... ahora suena tan hortera. Recuerdo algún Discoforum, la leche, también han desaparecido y las Semanas Culturales y las de la Juventud(ni divino ni tesoro) y la Cabalgata del Humor y las Charangas y las buenas Verbenas. Ver venas ha saltado a las letras y escucho el corazón bombeando con ilusión, coño como cambian los tiempos, en Cheste La Montecristo y Mermelada, en Chiva Don Julio y Barbacana, qué tiempos. Seguramente me he hecho mayor sin darme cuenta, ya me lo dijo un amigo “en cuanto tengas hijos verás” jajaja y creo que tiene parte de razón como todos.
El caso es que uno tiene las sensación de no entender muy bien por qué nos acomodamos tanto para vivir, pasando tantas horas en casa o frente al ordenador, en invierno se entiende un poco pero en estas fechas no sé si le encuentro sentido, sobre todo después de subir al Castillo el pasado Domingo y disfrutar de una cervecita y un aperitivo en la Alcazaba de la Plaza de Armas tranquilamente: ¡Qué gozada! pues faltó mucha gente, no entiendo lo que nos cuesta mover... ggrgrgrgrgrgrgrgr(eso es que hago como si estuviera enfadado y lo estoy pero no por esto solo...)
Mantengo que hay una cierta patología en esta última década o más, nos hemos aletargado un poco, supongo que son leyes de la evolución, pero para qué estamos nosotros los humanos sino para cambiarlas... odo!
Sigo pensando que hay que llegar a un acuerdo, comprar o expropiar las fábricas del Hortelano y hacer un solarium y un merendero como antes o un balneario. Igual repetir el pasado no sea tan mala idea, sobre todo, si mejoramos. Cualquier tiempo pasado no fue mejor, pero mira que si uno le da vueltas y a poco que nos fijemos se da uno cuenta de que del pasado se aprende mucho, como también de los fracasos y errores. No lo había pensado pero en cada lugar de estos había una familia trabajando y dando lo mejor de sí mismos, igual antes no íbamos tan desencaminados. Quién sabe.
Anda y sin darme cuenta ya he terminado, setecientas noventa palabras... Miguel Angel no me deja escribir ni una más. O quizá sí, les dejo con la duda. ¿Por qué no crear imágenes para el presente y para el futuro?

¿Quién nos ha robado el tren?



Conocí a un niño hace muchos  años que jugaba en calles de tierra y en muros llenos de día de hierba gallina y de noche de luciérnagas y chicharras. Los lagartos cazaban cerca de las farolas y en los callejones había piedras que servían de armas para defenderse de algún intruso incluso de algún amigo, perro, gato o charco. Merendaba sentado en el banco de una puerta con persianas verdes que se enrollaban desde una cuerdecita en el centro y al intentar entrar siempre te quedabas enganchado, las puertas estaban abiertas o con la llave puesta en el ojo para que cualquiera  pudiera entrar, incluidos los padres, los hijos, los amigos, los vecinos y alguna que otra visita. Sí, entonces se visitaba por sorpresa, y la sorpresa solía ser agradable. Se entretenían las personas con las personas y los niños con los niños. Era un niño de otro tiempo, los bocadillos eran de plátano ó mantequilla  con azúcar, o de algo parecido a Nocilla y hasta de dos colores la había, bebían leche condensada del bote con dos agujeros uno frente a otro y recuerdo escucharle las palabras acetona, mercromina y aspirina.
Le recuerdo también en la doble sesión del cine los domingos por la tarde y cuando las películas eran malas, se escondía por los palcos o por las filas vacías escondiéndose  de algún enemigo inventado, cuerpo a tierra, imitando a algún héroe de la pequeña o de la gran pantalla. Comprarse una coca cola de vidrio verde y pesado junto a unas palomitas o un bocadillo pequeño y de postre gominolas era comparable al mayor de los festines gastronómicos. Recuerdo como me describía los olores, los sabores y los tamaños, todo parecía mas grande... más grande, me decía confuso y extrañado.
He estado con él en los últimos meses en muchas manifestaciones contra todas las cosas que suenan injustas y que nadie sabe muy bien como llegan a lastimar y a desgraciar tantas vidas sin que nadie ponga un remedio inmediato. Supongo -le digo- que ya no se pueden soñar las cosas, que nos hemos hecho grandes y que todo no puede arreglarse con el dios justo que sentíamos entonces dentro. Da rabia no ser omnipotente, haberlo aceptado, incluso a veces, sentirte tan pequeño que casi no eres nada, te vuelves microscópico ante el espejo. Él me mira incrédulo, con la misma sonrisa de siempre o quizá es una mueca, gira sus ojos y con el rabillo me dice que no, que no, que no está dispuesto a entender lo que no tiene sentido y yo le contesto, también en silencio, que nunca volverán aquellos tiempos, que está bien tenerlos en cuenta y recordarlos pero es mejor para las emociones hacerse el ánimo de que la vida cambia y mejora y empeora y mejora y empeora. Vuelve a girar la cabeza, esta vez se que está mirando a una chica, se lo noto en los ojos alegres y melancólicamente vidriosos. Curiosamente después de tantos años ya entre una multitud se exactamente a quien mira, también la he visto  yo   hace un rato, cuando bajábamos del tren que nos han robado y hemos tenido que salir para buscar el 72 que nos ha dejado en el centro. Al subir al autobús ella ha tropezado y se le ha caído una pancarta hecha a mano que ponía: "Ambiciosos y traidores nos robáis los sueños" le he ayudado a recogerla y me ha dado las gracias, él no ha dicho nada pero enseguida he sabido que en ese mismo instante los dos nos hemos enamorado de la misma mujer. nos ha pasado muchas veces, tantas que a veces nos entra una risa tan cómplice que acabamos borrachos buscándola por lugares imposibles. ¿A quien se le ocurriría buscar a una chica así en el peor antro de la cuidad, donde solo los proscritos y los que sufren, que quizá, son los mismos se reúnen para flagelarse después de una día de confrontación de ideales y realidades?
Son las seis y pico de la madrugada, todo huele a cansancio y podredumbre en este lugar siniestramente maravilloso, acaba de salir una chica de la habitación enrollada en una toalla blanca, es mucho más bajita que cuando la conocí hace un rato, después sale mi niño con los ojos hinchados de alcohol, de dolor y sueño, sonríe levemente, aunque, como tantas veces en mis esperas, sé que no está contento, conoce bien el sabor de la pura contradicción y las tinieblas. Se acerca cada vez más a mi, me da una palmada en la espalda, anunciándome que nos vamos, hablar no puede, subimos al coche y el silencio contiene la ganas de llegar a casa y dejar caer un cuerpo derrotado, vencido así mismo de tanto castigarlo.
Después de un buen rato entramos al pueblo que nos vio nacer y para no perder la costumbre compramos un pan recién hecho y unos saladitos, sé que vamos a comérnoslo al callejón de la hierba gallina,las chicharras y las luciérnagas. Nos sentamos en el suelo de asfalto y contra la pared y  lo imaginamos todo mientras los dos pensamos que bonito hubiese sido pasear con aquella chica hasta aquí cogidos de la mano.

Buñol y la Política



“Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos por hacer lo posible imposible.” Bertrand Russel

Cuando comenzó esta última legislatura en Buñol y se formó gobierno creí(ingenuo de mi) que en poco tiempo se repartirían competencias a todos los concejales y que se trabajaría de una forma excepcional dada las circunstancias tan extraordinarias que estamos viviendo en los últimos años. Después de los dimes y diretes, los juegos de poder y los resultados extraordinarios de las elecciones, estaba seguro de que una vez cada grupo político asumiera la realidad y aceptara las reglas del juego serían capaces de llegar a pactos que permitieran una gobernabilidad de Buñol a su máximo potencial, es decir, con competencias a todos los concejales y acuerdos en los asuntos fundamentales. Lo pensé seriamente porque no podía creerme otra postura y sigo sin digerirla. Las votaciones del último pleno en temas económicos tan esenciales para nuestro futuro disparó todas las alarmas de mi cansado cerebro. Y todavía más cuando nadie fue capaz de pactar de antemano ese y otros ejes fundamentales para atajar con seriedad los problemas que tenemos como pueblo, y lo peor, los que todavía no han llegado y más pronto que tarde nos caerán encima.
No voy a entrar en quien tiene razón o no, porque entre otras cosas y con sinceridad, no creo que ningún partido político en el Ayuntamiento esté valorando y actuando con el rigor, la generosidad y los valores éticos necesarios para enfrentarse a esta coyuntura económica tan desastrosa. Todos sin excepción, a mi entender, mantienen una actitud absolutamente errónea, puesto que ni los partidos que componen el gobierno ni la oposición parece que se den cuenta de la radical necesidad(“Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir”) de que todos trabajen juntos y con el mismo propósito, buscar la mejor manera de resolver los problemas y mejorar todo aquello que no ha superado el paso del tiempo. Por cierto, muchos y muy complejos son los problemas a los que se enfrenta nuestro municipio, solo hay que analizar los hechos acontecidos con el paso a nivel de las Ventas por poner un claro ejemplo.
La pregunta: ¿De verdad es imposible que se sienten nuestros representantes y se pongan de acuerdo ó sencillamente están haciendo “imposible lo posible”?
Yo creo que todos están perdiendo de vista los intereses de Buñol obcecados en la confrontación constante y permanente. Está más que demostrado que de nada sirve gastar todas las energías en atacar o defender y viceversa que en reflexionar, imaginar, pensar, negociar y actuar en consecuencia tratando de consensuar nuestros solos y exclusivos intereses como pueblo.
No estamos en confrontaciones ideológicas como país o nación, tampoco las comparto como prioridad en estos momentos, pero puedo entenderlas, lo que se gana o se pierde es mucho poder y dinero. Pero en un pueblo como el nuestro donde ser concejal no tiene ninguna implicación ni económica ni de grandes poderes, honestamente, no me cabe en la cabeza cómo se están comportando nuestros representantes. Lo puedo entender si vamos a lo irracional, a lo emocional, a la competitividad sin sentido, a los rencores y a los intereses personales cegadores casi siempre. Ni que decir tiene la incomodidad y el displacer de estar constantemente agraviándose unos a otros incluso hasta el insulto. Debe ser mortífero para cualquier persona con una cierta ilusión por hacer algo para su pueblo encontrarse con este panorama, si lo pienso muy hondo y en este sentido, todavía me parece más inverosímil.
La política no es esto, ni se le acerca, ni siquiera llega a ser la sombra de su último concepto: “Si una sociedad humana está constituida por un conjunto de individuos que poseen de hecho metas e intereses propios y particulares, mismos que serán insertados en la sociedad mediante acciones políticas concretas: entonces el objetivo del quehacer político, sería ascender de manera consciente en la sociedad para conseguir el cumplimiento de nuestras metas e intereses, personales y particulares, a través del convencimiento de que estos aportarán y contribuirán al mejoramiento de la sociedad (humana) en general".
Me parece fundamental que gobierno y oposición lleguen a entenderse por encima de sus propios intereses en pro de un bien mayor que es el bien común, el necesario cultivo de la imaginación, de las ideas y de la acción, apoyándose en la participación en todos los ámbitos sociales. No imagino como salir bien de ésta si unos a otros no nos ayudamos con sinceridad y si nos somos capaces de aglutinar todas las fuerzas y dirigirlas a un mismo camino.